El café es al invierno como los colores a la imaginación

 

Y es que esto va así, nunca he sido de los que le gusta colorear, de hecho mi motricidad fina tiene serios problemas. Eso lo sé desde que era niño, cuando mi nivel de frustración se incrementaba cada vez que me salía de la línea.

 

Recuerdo que cuanto más me enfocaba en colorear perfectamente, más me equivocaba: vaya que era desagradable. En fin, nunca me gustó, no me consideraba creativo para esos asuntos.

 

Tanto en el colegio como en la universidad me calcaba los trabajos de mis compañeros en la asignatura de dibujo técnico. Y no, no me avergüenzo de ello. La verdad, nunca le vi sentido a esa materia —sin menospreciar a nadie, ¿eh? Estoy seguro que es solo ignorancia mía.

 

Pero fue entonces cuando en una calurosa tarde de invierno en Panamá (sí, calurosa en invierno), en donde no había brisa y había mucha humedad, con el tráfico en su mejor momento (acá las cosas que hago en el tráfico: Antología de 12 minutos de tráfico), decidí tomarme un café caliente en un sitio muy nice de esta ciudad.

 

Pedí un Whithie, que es una especie de Mocaccino con chocolate blanco —sí, es lo máximo, en serio—. Y bueno también tuve que pedir una galleta de Red Velvet para acompañar a esa solitaria, pero caliente taza de café.

 

En la mesa en la que estaba sentado había un cuaderno de estos con mandalas para colorear y liberar el estrés. Particularmente nunca he creído en esto y, como comprenderán, no veo en qué parte es en la que uno libera estrés coloreando, pero quise darle una oportunidad.

 

Mientras tenía una conversación bastante agradable con alguien bastante agradable, empecé a colorear. Tomé un color, luego otro y otro, y así, por un buen rato, me perdí, me fui, me elevé, o whatever, como lo quieran llamar. Quizás fueron solo par de minutos pero me concentré muchísimo y cuando reaccioné me estaban tomando una foto. Se supone que no me tenía que dar cuenta de la foto pero pues salió el flash y bueno, me di cuenta.

 

Bromeamos un poco y continué coloreando. Pero esta vez conversando. Mira que tengo un don de hablar pendejadas variadas por rato largo y empecé a inventar historias de Picasso (cuya biografía y obra no conozco a profundidad, cabe aclarar). De Picasso pasé a Dalí. La verdad lo que recordé de Dalí eran sus aventuras en la playa con su «amigo». Tengo la escena grabada en mi cerebro de la película que hizo Edward Cullen o Cedric Digory, como sea que lo quieran llamar.

 

Reímos mucho. Vaya que me sorprende a veces lo mucho que puedo inventar en tan corto tiempo y la credibilidad con la que relato una historia que estoy inventando en este instante y que carece completamente de sentido común. Ese Dalí es un pícaro la verdad que sí. La historia que me inventé está muy cool, quizás algún día la coloque por acá (Jajaja. Ok. NO WAY). Despertó en mí este interés latente de escribir y escribir, contar y contar, inventar e inventar.

 

¿Qué pasaría si me pongo serio con la escritura?

¿Alguna vez podría ser serio con algo?

¿Perdería la vergüenza a ser leído?

¿Será que mando a la… SAP y me dedico a escribir el típico blog que nadie lee?

¿Será que mi diario será expuesto como el de Anna Frank años después de mi muerte?

¿Será que tengo un diario?

¿Cuánto cuesta un diario?

¿Khloe Kardashian se hizo las nalgas?

¿No aman a Gal Gadot?

I got a Girl Crush <3

 

En fin. Esto de colorear, tomar café con chocolate blanco con una excelente compañía, me puso creativo y hablador, en vez de taciturno. Me gustaría darle otra oportunidad, otro día, en otro café, otros colores y con otras muchas cosas en mi ruidosa cabeza. Como dice India Martínez en «Cómo hablar»: «Otro país, otra ciudad y otra vida pero la misma mirada».

 

* * *

 

PD: Estoy escribiendo esto cuando debería estar durmiendo porque según mis cálculos me quedan solo cuatro horas de sueño.

 

¡Anímense! No digan que no si no lo han probado. Al final no se pierde nada, solo el tiempo, que de por sí estamos perdiendo ya. 🙂

 
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2 comments

  1. Cesar. me es grato leerte. Te cuento que el año pasado estaba un poco estresada y una buena amiga me recomendó eso de Colorear mandalas. Yo no soy nada artística y me daba lala la idea, hasta que un día viendo en amazon me salio como recomendación un libro de esos para colorear y decidí comprarlo junto con unos sharpie. Y tengo que decir que si es muy relajante, mas que todo porque te mantiene ahí concentrado tratanto de no equivocarte y salirte de las lineas jeje La cosa es que te ubica totalmente en el presente y por un momento te saca un poco de la rutina diaria. Por lo menos en mi experiencia asi que totalmente recomendado. Luego te cuento mi experiencia en Nepal que allí me entere que de ahi nacen los mandalas y monjes que dedican su vida solo a eso 😀

    1. Hola Nata!
      Viste?? Yo opinaba lo mismo que tu de colorear mandalas.
      Ahora pregunto, lo sigues haciendo? (Coloreando mandalas). Yo no lo hice mas 🙁
      Quedo pendiente de tu experiencia en Nepal y como es eso que los monjes dedican su vida eso :O

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