Las penas de un inútil de la mecánica

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Recuerdo claramente todas las veces en las que mi mamá me obligaba (literalmente) a ayudar a mi papá a arreglar el carro.

 

También recuerdo claramente mi rabia. Vamos, lo que yo quería era ver MTV, estar en MSN, o en Habbo Hotel, o alguna otra actividad más divertida.

 

Siempre pensaba con mucha rabia: «no sé para qué me mandan, si yo voy a estudiar y nunca voy a necesitar esto, NUNCAAAA». Por supuesto que solo lo pensaba, si lo decía era posible recibir un chancletazo como mínimo.

Pero ahora heme aquí, más de diez años después, tratando de cambiar una llanta y…

 

ADIVINEN…

 

NO TENGO LA MAS MÍNIMA IDEA DE CÓMO HACERLO.

 

 

 

 

Trataré de resumir la historia lo más posible:

 

Un día regular de César: fui a mover mi vehículo y me di cuenta de que una llanta no se movía. Un día de semana, en pleno horario laboral, sin nadie que me ayudara.

 

¡GENIAL!

 

Como buen milenial (o whatever) mi primer impulso fue goglearlo. Cabe destacar que me llevó bastante tiempo llegar a los términos correctos, porque evidentemente no tenía ni idea del nombre de nada de lo del carro.

 

Entonces, bueno, la indicación era sacar la llanta y golpear el tambor.

 

Suena fácil, ¿no?

 

Pues para mí no lo fue. Me encontré en la vergonzosa posición de no saber cómo usar el gato (el dispositivo ultraavanzado que se utiliza para levantar el carro). Así que tuve que goglearlo, sí. Fue algo bastante embarazoso la manera en la que la gente me veía, imagino mi rostro de frustración.

 

Pero mi dignidad primero. No iba a pedir ayuda a nadie.

Finalmente logré sacar la llanta pero no funcionó. Empezó a llover, así que tuve que detenerme y esperar al siguiente día.

 

Luego de múltiples búsquedas en la Web, videos de Youtube, etc., recurrí a la vieja escuela, la que nunca falla: preguntarle a mi papá y a mi hermana.

 

Sí, mi hermana. A ella le gusta la mecánica y aprendió a manejar veinte años antes que yo.

 

No, no me da pena.

 

Heme aquí entonces un sábado supertemprano, con una olla de agua caliente (es un tip buenísimo, de nada) y mi grupo de Whatsapp Familia 2.0 activado:

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

  • Múltiples notas de voz de mi hermana diciéndome que golpeaba eso como una niña, que le diera más duro.
  • Múltiples notas de voz de mi papá con todas las indicaciones.
  • Emojis de mi mamá dándome apoyo moral.

 

Al final los objetivos fueron logrados y pude solucionar el problema con el coche.

 

Ahora mis sabios consejos:

 

Por favor, por favor, por favor, aprendan algo de mecánica, no sean como yo.

Tengan a una hermana como la mía que sabe de mecánica.

Tengan a unos padres como los míos que son lo máximo.

Tengan data en su teléfono, por amor a Dios.

Tengan un grupo de familia 2.0 (vale la pena aguantar una que otra cadena).

 

Por último y más importante:

 

Dignos ante todo. ¿Okey?

 

Fin del comunicado 🙂

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